Amar a los árboles, amar a las plantas
La mayoría de los humanos, en realidad casi todos, tienen un sentido erróneo del amor. Para ellos amar es sinónimo de poseer, tomar a alguien, dominar. Y los que dicen de amar, “aman” a otros humanos, solo algunos (los otros son ignorados o despreciados o incluso odiados) o a animales que se pueden tener como mascotas robándoles la libertad y la dignidad, o actividades o cosas: un deporte, el bingo, el supermercado, la iglesia, la comida, las drogas, el dineros, la colección de sellos, cuadros de autor, ropa etc. etc.
En una sociedad profundamente injusta, poco o nada respetuosa de la vida, poco o nada agradecida con las fuentes de la vida, muy pocas personas aman a las tres fuentes básicas de vida: el sol, el aire, los árboles. El sol lo evitan creyendo que sea dañino, el aire la envenenan fumando tabaco, quemando derivados del petróleo, pulverizando pesticidas tóxicos, esparciendo criminalmente metales pesados en el cielo para manipular el clima y diezmar la populación.
En una sociedad ignorante, egoísta, violenta, predadora, casi nadie ama las plantas, casi nadie ama los árboles, y los abraza y les da las gracias para permitirnos vivir. Oxigeno y alimentos, los únicos alimentos sanos para los humanos son los vegetales: los frutos, la baya, las hojas, las raíces, las flores comestibles. Alimentos sanos siempre que no haya habido la intervención y manipulación nefasta del hombre ignorante e inconsciente, incapaz de amor con sus abonos químicos, sus pesticidas, sus monocultivos.
En esta “sociedad” antibiótica y plagada por la idiotez, la idiotez de quienes talan los bosques, destruyen las selvas, se dedican a criar cochinos alimentados con papel de periódico para después matarlos y transformarlos en salchichas, idiotas que se dedican a disparar a los pájaros o los elefantes, o aún peor a matar a otros humanos, el primer paso hacia una vida probiótica es aprender a amar, respetar y a cuidar de los árboles. Nuestros verdaderos compañeros, maestros de generosidad, grandes meditadores.
Quienes no aman y respectan a los árboles no han entendido nada de los principios básicos de la vida. No pueden estar libres del egoísmo y entonces no pueden amar. No puede mostrar agradecimiento. Son predadores y por esto aman (y entonces domestican o matan) a otros predadores. No pueden ser parte de este diseño maravilloso que es le vida en el planeta tierra, porque en su suma idiotez no se dan cuenta que alterando los ecosistemas y acabando con árboles y plantas solo quedará el desierto. Desierto sin oasis.
Deja tu respuesta